domingo, 2 de septiembre de 2012

ALMA



La sustancia espiritual e inmortal del hombre que anima a su cuerpo.

El alma esta naturalmente ordenada hacia el cuerpo. Separada de el, está incompleta. Decimos que el alma es "simple" porque no tiene componentes. Pero si tiene "accidentes".

En la Sagrada Escritura el término "alma" se refiere a: 
-La vida humana (cf Mt 16,25-26; Jn 15,13)
-A toda persona humana (cf Hech 2,41). 
-Lo más íntimo del hombre (cf Mt 26,38; Jn 12,27)
-Lo mas valioso en el hombre (cf Mt 10,28; 2 Mac 6,30)
-Aquello por lo que es particularmente imagen de Dios: «alma» significa el principio espiritual en el hombre (Catecismo.I.C. 363).

El alma y el cuerpo: una naturaleza

La unidad del alma y del cuerpo es tan profunda que se debe considerar al alma como la «forma» del cuerpo (cf. Cc. De Vienne, año 1312, DS 902); es decir, gracias al alma espiritual, la materia que integra el cuerpo es un cuerpo humano y viviente; en el hombre, el espíritu y la materia no son dos naturalezas unidas, sino que su unión constituye una única naturaleza (Cat.I.C. 365).

Cada alma es creada directamente por Dios

Dios interviene directamente en el momento de la concepción de cada ser humano creando un alma inmortal (cf. Pío XII, Enc. Humani generis, 1950: DS 3896; Pablo VI, SPF 8). El alma, por lo tanto, no es «producida» por los padres. Es inmortal (cf. Cc. De Letrán V, año 1513: DS 1440): no perece cuando se separa del cuerpo en la muerte y esta destinada a unirse de nuevo con el cuerpo en la resurrección final (cf Cat.I.C. 366).

El alma le da al hombre acceso a Dios

El hombre: Con su apertura a la verdad y a la belleza, con su sentido del bien moral, con su libertad y la voz de su conciencia, con su aspiración al infinito y a la dicha, el hombre se interroga sobre la existencia de Dios. En estas aperturas percibe signos de su alma espiritual. La «semilla de eternidad que lleva en sí, al ser irreductible a la sola materia» (GS 18,1; cf. 14,2), su alma no puede tener origen más que en Dios (Cat.I.C. 33).

ALMA DE LA IGLESIA

Es el Espíritu Santo, que une a todos los miembros de la Iglesia con Cristo, su Cabeza, y entre sí. Es el principio de su acción vital mediante la caridad, los sacramentos, las gracias y los carismas.

«Lo que nuestro espíritu, es decir, nuestra alma, es para nuestros miembros, eso mismo es el Espíritu Santo para los miembros de Cristo, para el Cuerpo de Cristo que es la Iglesia» (San Agustín, serm. 267,4). «A este Espíritu de Cristo, como a principio invisible, ha de atribuirse tambien el que todas las partes del cuerpo estén íntimamente unidas, tanto entre sí como con su excelsa Cabeza, puesto que está todo él en la Cabeza, todo en el Cuerpo, todo en cada uno de los miembros» (Pío XII, Mystici Corporis: DS 3808). El Espíritu Santo hace de la Iglesia "el Templo de Dios vivo" (2 Cor 6,16;cf 1Cor 3,16-17;Ef 2,21): (Cat.I.C. 797).

El Espíritu Santo: principio de toda acción vital y saludable del cuerpo

El Espíritu Santo es «el principio de toda acción vital y verdaderamente saludable en todas las partes del cuerpo» (Pío XII, Mystici Corporis: DS 3808). Actúa de múltiples maneras en la edificación de todo el Cuerpo en la caridad (cf. Ef 4,16): por la Palabra de Dios, «que tiene el poder de construir el edificio» (Hech 20,32); por el Bautismo, mediante el cual forma el Cuerpo de Cristo (cf. 1 Cor 12,13); por los sacramentos, que hacen crecer y curan a los miembros de Cristo; por «la gracia concedida a los apóstoles, que «entre estos dones destaca» (LG 7); por las virtudes, que hacen obrar según el bien, y por las múltiples gracias especiales [llamadas «carismas»], mediante las cuales los fieles quedan «preparados y dispuestos a asumir diversas tareas o ministerios que contribuyen a renovar y construir más y más la Iglesia» (LG 12; cf. AA 3) (Cat.I.C. 798).

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